Así vivíamos el rol: si mi Nosferatu tuviera un florete

Imagen promocional del juego de rol  Vampiro La Mascarada. Fuente: Nosolorol
  • Así recordamos en MCF nuestro pasado con el rol


Jugar con la nostalgia de una generación de treintañeros (o casi cuarentones para qué nos vamos a engañar) es algo que los medios utilizan en los últimos años, para reengancharnos al ocio que en nuestra adolescencia marcó nuestros primeros pasos en este mundo friki. Y es que los que antaño fuimos tachados de raritos, hoy ya entrados en años, somos los principales consumidores de productos audiovisuales y eso es algo que no han tardado en aprovechar las grandes compañías de cine y televisión. Las palabras Remake y Reboot son tan habituales hoy, que no sabemos cuantas versiones diferentes de nuestro superhéroe favorito ha habido desde los ochenta.

En el ámbito lúdico que es el que nos ocupa en esta página, sí que hemos estado acostumbrados a relanzamientos y reediciones mejoradas de nuestros juegos favoritos. En los eurogames hemos cambiado madera por plástico en ocasiones o se ha revisado el reglamento, e incluso a veces se ha contratado a un gran ilustrador para rehacer el arte del juego. Y el rol tienen sus versiones renovadas cada cierto tiempo con la excusa de una mejor experiencia en las sesiones y la finalidad de vender nuevos manuales que sustituyan a los antiguos.

Las nuevas ediciones de títulos como Pendragón, D&D, El Señor de los Anillos, Star Wars o La Llamada de Cthulhu que han llegado a nuestras librerías, han servido para que nuevos jugadores puedan explorar los mundos que los roleros de la vieja guardia ya pisábamos a principio de los años noventa y esto ha propiciado el lanzamiento de nuevas licencias que no hacen sino mejorar y aumentar la experiencia de juego.

Pero cuando se alcanza cierta edad y por las obligaciones que acarrea la misma, el tiempo para jugar a las maratonianas sesiones de D&D o Vampiro La Mascarada, se esfuma como lágrimas en la lluvia, que decía el señor Batty al final de Blade Runner y los menos afortunados nos conformamos con poder quedar una vez de ciento a viento y disfrutar una pequeña aventura de Comandos de guerra con ese gran amigo que vive en Ronda (por ejemplo) y que no ves hace eones. Y aunque agradezco cada minuto que puedo acariciar de nuevo mis desgastados dados, quizá era la juventud la que nos proporcionaba los momentos épicos en las grandes crónicas de Pendragón, en las frías mañanas del invierno zaragozano…

“-… y mientras contempláis el atardecer en el horizonte del campo de batalla, os dais cuenta de que los caballos han desaparecido. Uno de vuestros vasallos os dice que el enemigo los ha robado durante la contienda.

-Entonces eso quiere decir que nuestros enemigos quieren nuestros caballos o no quieren que los tengamos nosotros ¿No?

– (Momento de silencio incómodo)- Estoooo… si por supuesto, son las dos únicas opciones. ¿Cuanta inteligencia decías que tenía tu personaje?,  mejor déjalo. Veamos, el siguiente en actuar es Fernando. La situación es la siguiente: el personaje de José Luis esta intentando subir a la avioneta que está despegando. ¿Qué haces?

-Intento agarrarle con el látigo y ayudarle a subir mientras me sujetan. Hago la tirada.

Suenan los dados sobre la madera de la mesa del local y presentan el resultado que casi todos esperan. Pifia

-Lamentablemente, en lugar de agarrar su muñeca, el látigo impacta en uno de sus ojos, dejándolo temporalmente tuerto. Pero la avioneta aún no levanta el vuelo. Te queda una oportunidad.-Replica el Master

-Pues repito la misma acción. No creo que vuelva a pifiarla – Replica Fer con confianza.

Por supuesto la tirada vuelve a ser una pifia.

El director de juego prosigue -El chasquido del látigo viene acompañado por un chorro de sangre que sale del ojo de José Luis. Del ojo que aún tenia sano. En consecuencia no consigue subir al avión y dejáis a vuestro compañero ciego y desangrándose en una pista de aterrizaje clandestina en medio del desierto del Sahara. Toma José Luís aquí tienes otra ficha en blanco. César, tu turno: el hombre lobo esta a escasos metros de tu nosferatu y tiene la clara intención de atacar.

-Creo que voy a pegarle con mi florete- dice con tranquilidad -No quiero huir del combate.

-Pero tienes fuerza dos y combate con espada uno. Quizá sea mejor esconderte en las sombras del callejón ¿No crees?

-No. Definitivamente le ataco – reitera lanzando los tres dados- ¡Mira, tres dieces! ¿Eso es bueno, no?

-Si claro, puede que le hagas cosquillas en la barbilla. Vuelve a lanzar.

Una serie de tiradas extremadamente afortunadas después, el hombre lobo acaba con el florete incrustado en el cráneo y el nosferatu mas flojo de la alcantarilla con un abrigo nuevo…

-Prosigamos: Schmidt esta dándole las del pulpo a Juan que sigue tirado en el suelo, mientras Mort ha acabado con Herr Sacher de un soberano golpe con la silla…

-…esta es mi entrada, dice Juan. Rápidamente, me incorporo, con la silla hecha pedazos atada aún a mis brazos, y cargo con el hombro contra Schmidt- Inmediatamente unos pocos dados ruedan delante de él.

– Esta bien – continua el Master- pero los golpes, las prisas y las ataduras restan eficacia a tu ataque y sólo le impacta parcialmente haciéndole perder el equilibrio. Cogido entre dos fuegos, el alemán se revuelve sin saber muy bien a quién atacar y le lanzas un puñetazo que falla por poco. Hoy no es tu día. El torturador le tira otro golpe a su vez, que- Realiza él también una tirada- también falla…

-…y así podrían estar días enteros, si no fuera porque Mort- dice Gonzalo interviniendo- decide acabar con este diálogo de besugos antes de que al lumbreras le dé por gritar y alerte a los centinelas. Aprovechando que el enorme alemán me da la espalda, salto y le golpeo con el extremo cortante de la ganzúa, clavándola en un lado del cuello.

-Parece que tu ataque le ha desgarrado algo importante, porque Schmidt queda quieto por un momento y luego cae de rodillas, mirando el chorrito de sangre que le sale a presión del cuello y pensando en su siguiente paso.

-Como veo a mi enemigo en la posición y a la altura adecuada, ¿puedo tomar impulso e intentar darle una patada en la cara?- Replica Juan-

-La patada impacta y el pesado soldado teutón cae de espaldas contra la moqueta.

-¡Ésa no la paraba ni Ricardo Zamora!-gruñe Juan triunfante-. España- Alemania, uno a cero, Fritz.”

Quizá todas estas cosas no ocurrieran a la vez, pero yo las recuerdo como la misma fría mañana, sentado al rededor de la enorme mesa de madera del local de la tuna de la facultad de Derecho, que nos prestaban después de sus legendarias juergas, junto a los que han sido siempre mis compañeros en las cientos de aventuras por los mundos imaginarios de los juegos de mi adolescencia.

 

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